El Auge Carnavalesco

Llegada la República, el entusiasmo popular debió acrecerse y manifes­tarse con mayor franqueza, porque las familias godas estaban alicaídas el pueblo surgía al llamado de la Democracia y la clase media. Diseñaba con la implantación de las Casas Comerciales. Quedaría elimi­nado lo ceremonioso de la Colonia que muy bien representaban los maceras de Cabildo, y el festejo Carnavalesco tomaría el aspecto que, en su auge alcanzaron nuestros padres y que en nuestra Juventud todavía vimos; aunque decían aquellos que ya estaba en decadencia y lo deplo­raban con nostalgia. De esos Carnavales existe un grabado en acero en la voluminosa obra de Paúl Marco, Viaje por la América del Sur; grabado que nos muestra el juego del Momo en Arequipa como una verdadera batalla. Poca diferencia hay con una fotografía de la defensa de la Quinta de Vargas en la revolución de 1867, que hemos visto y tenemos. Pueblo que jugaba así era un pueblo belicoso, y su historia no dice lo contrario. Continúa leyendo El Auge Carnavalesco

El Carnaval de Arequipa

Con el establecimiento de Villa hermosa, Arequipa por otro nombre en el valle del Chili, debió tener iniciación el Carnaval, que había de alcanzar fama para sus características tradicionales. El primero que se jugó tuvo que ser pues en febrero, marzo o abril de 1541, hace 466 años. A medida que aumentó la población se tranquilizó el territorio, debió incrementarse la fiesta pagana, tanto en el pueblo que la criollizó, como en la sociedad goda, que te conservó distinción. Los indios cuyos núcleos aún llegaron a principios del siglo XIX, debieron contribuir a la caracterización del Carnaval popular, siendo las «bifalas» hasta hoy las que conservan el cariz indígena, Andando el tiempo cuando el yaraví que encontró Melgar, ya se había amestizado, aunque no adquirido todavía categoría literaria, debió surgir la tonada del «Carnaval» de Arequipa, que tiene la alegría india. La escala pentatónica la hace triste para quien no es serrano. Hay llorido en su fondo dionisiaco, dionisiaco indio. Alguna vez la oímos tocar por la Banda de la Guardia Republicana en un carnavalón de Lima y disonaba el alborozo costeño es otro. Cada vez tomó mayor fuerza colectiva el Carnaval de Arequipa como una institución con sus características lugareñas. El Cabildo tomaba parte principalísima. Encabezaba nada menos el juego. En sus archivos existen varias cuentas de los gastos. Lo precedían dos maceras. Es decir, tenía todo el aspecto de la Colonia. En el pueblo el «cachei» indígena debió ser más pronunciado, y lamentamos que nadie nos haya dejado una descripción, una alusión siquiera. Continúa leyendo El Carnaval de Arequipa