La Compañía de Jesús
Esquina de las Calles Gral. Morán y Álvarez Thomas
La Congregación de los Jesuitas ha dejado en Arequipa los más notables monumentos arquitectónicos que posee la ciudad, tatúo en el arte sacro como en el profano. En primer término figuran la iglesia y el convento de la Compañía. Iglesia de la Compañía: Esquina de las calles General Moran y Álvarez Thomas.
Empezó a construirse este templo en 1595, pero la estructura actual se inició en 1650; las bóvedas fueron cerradas en 1690, mas el edificio no quedó terminado hasta 1698 que es la fecha Inscrita en el frontis. Los planos originales fueron de Gaspar Báez, modificados por el jesuita Diego Felipe. Ha sido también construido que ha resistido intacto los diferentes terremotos de Arequipa. Sólo su torre ha sido reconstruida varias veces; la última reconstrucción, fiel al original, es posterior al sismo de 1960. Sin lugar a dudas, esta iglesia es el monumento cumbre del siglo XVII y la más perfecta expresión del barroco mestizo que posee Arequipa. Propiamente es el comienzo de la «Escuela Arequipeña», que luego se manifestará durante el siglo XVIII en otros templos de Arequipa (Cayma, Yanahuara, San Agustín) y de toda la región andina, desde la altiplanicie del Titicaca hasta Potosí (catedral de Puno, Santa Cruz de Juli, San Pedro de Zepita, San Jerónimo de Asilo). Son muy notables sus dos fachadas, siendo la más antigua la lateral, que muestra al Apóstol Santiago, titular de la iglesia, blandiendo su espada, en actitud de «matar moros». En la parte inferior, hay una ménsula labrada, flanqueada por dos sirenas con alas de ángel, en actitud reverente. La fachada principal es un delirio de riquísima ornamentación que forma un frondoso tapiz desbordante por los lados. Tallos, hojas, cactos, racimos y cuadrifolias, ovas y trenzados de abolengo clásico, y hasta el águila bicéfala de la Casa de Austria, figuran entre sus elementos. En el intercolumnio del lado izquierdo, un escudo lleva las palabras «EL AÑO», y en el lado derecho otro escudo ostenta «DE» 1698. El friso lleva un pámpano rampante con roseras geométricas y las letras «SD», «SI», «SI’, y «WIN», iniciales de las palabras latinas Sanctus Deus, ‘Sanctus Fortis, Sanctus Ininortalis, Miserere Nobis; tomadas de la liturgia del Viernes Santo. Sobre el friso se hallan los anagramas de Cristo (XS), de Jesús (IHS), de María (MAR) y de José (IOSEE). Es curioso notar, a los costados de la profusa decoración, la presencia de una figura de la mitología precolombina: El Gato Tigre con cuerpo de miriápodo.
En su interior, la iglesia corista de tres naves. El crucero lo domina una soberbia cúpula de media naranja todos los muros y cúpulas estaban recubiertas de policromías, como todas la pueden admirarse en la sacristía antigua. Tres grandes retablos churriguerescos, recubiertos de pan de oro, resaltan por su riqueza extraordinaria. El retablo del altar mayor exhibe un lienzo de la Virgen de la Candelaria, obra del Jesuita Bernardo Bitti. A los lados están la imagen de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, y de San Francisco de Borja. Arriba están San Juan Berchmans y San Estanislao de Kostka, santos jesuitas. Más arriba. San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María; al centro, una imagen moderna del Corazón de Jesús. Sobre ella, la del Padre Eterno, flanqueado por San Juan Bautista y San Juan Evangelista. En el retablo de la derecha hay un artístico Crucificado, obra de Gaspar de la Cueva. El de la izquierda es llamado el «Retablo de los Fundadores», pues en él se encuentran, rodeando la imagen del Apóstol Santiago, los fundadores de varias órdenes y congregaciones religiosas: Santo Domingo y San Francisco; San Juan de Dios, San Agustín y San Pedro Nolasco; San Antonio Abad y San Pacomlo (éstos dos últimos, fundadores del movimiento monástico cristiano y de la vida religiosa cenobítica, respectivamente). También destaca el hermoso pulpito dorado y coronado por la imagen de San Francisco Javier.
La Sacristía Antigua llamada hoy CAPILLA DE SAN IGNACIO es impresionante por su extraordinario cromatismo, que ¡lustra con gran viveza una decoración alusiva a la Flora y fauna tropicales. En las pechinas destacan los 4 evangelistas, con sus símbolos correspondientes: San Juan, el Águila; San Lucas, el Toro; San Marcos, el León y San Mateo, el Hombre. El aguamanil es de piedra de Huamanga de una sola pieza, y presenta en forma destacada el monograma INS, que no es otra cosa que las tres primeras letras del nombre de Jesús en griego, símbolo muy usado por los jesuitas pero no exclusivo de ellos, pues ya se encuentra en las catacumbas romanas del siglo I. La talla del San Sebastián, de gran valor artístico, es obra de Diego Rodríguez, discípulo del famoso escultor sevillano conocido como El Montañés; data del siglo XVII. También son de resaltar los tres grandes óleos de Bernardo Bltti; el mayor representa la «Visión de la Storta», que impulsó a San Ignacio a fundar Su Congregación.
Claustros de los Jesuitas
Calles General Moran, 118 y Palacio 115
Se terminaron de construir en 1 738, fecha que figura sobre el arco de la entrada. Fueron la Residencia y Colegio de los Jesuítas, más por poco tiempo, pues en 1 767 fueron expulsados de todo el Virreinato del Perú, al igual que de todos los dominios de España. Consta de dos grandes patios con arquerías, y un tercero más chico; destaca el primero de ellos por su rica ornamentación barroca que recubre las cuatro caras de cada pilar: papayas, cantutas, rosetas circunscritas por dos tallos que se entrecruzan; cabezas de querubín, etc. motivos ornamentales que evocan el simbolismo yoga, lo cual no es extraño, pues los jesuítas tenían grandes misiones en la India. Todo el conjunto, en armonía con el templo, constituye uno de los más maravillosos exponentes del arte arquitectónico mestizo hispano americano. Recientemente restaurados, sus ambientes están ocupados por una serie de establecimientos afines a la actividad turística, como restaurantes, tiendas de artesanía, etc.
LA PORTADA LATERAL DE LA IGLESIA DE LA COMPAÑÍA
La gran importancia que tiene el conjunto Jesuítico de la Iglesia de la Compañía de Jesús y de los claustros que adorna tan primorosamente el Centro de la ciudad, debemos añadir un particular atractivo arquitectónico eí de su portada lateral que da hacia la calle Álvarez Thomas. Arquitectos e historiadores le han dado un gran valor tanto estético como étnico por tratarse de una manifestación de una escuela denominada planiforme y que luego ha tenido varias portadas laterales que han seguido esta tendencia.
Estudiosos han determinado al alarife Simón de Barrientos la autoría de tan importante obra que habría sido tallada en el célebre «sillar arequipeño» por el año de 1654, cuando Arequipa, había cumplido ya 114 años desde su fundación española y tenía ya bastante consolidada su presencia de ciudad plenamente idealizada con la madre patria.
Domina el llamado cuerpo superior de la fachada una genuina estampa española, muy de acuerdo con el espíritu de la orden para la que fue construida, domina el conjunto la figura del santo patrón de España Santiago Apóstol, montado en un brioso caballo con grandes adornos en crines y cola con una espada ondeante y cortando cabezas a uno a espantados moros o sarracenos, enemigos de la cristiandad aunque tallados en un estilo imperfecto de acuerdo a los estilos clásicos. Completan este frontón dos molduras curvas que se van enrollando en movimiento ascendente hasta unirse en la parte superior, donde queda centrada una venera que sirve como resplandor a la imagen dei santo. En la parte inferior de este Conjunto se aprecian con otra modalidad en el tallado las figuras de dos sirenas que tienen volumen tridimensional y sobresalen de la plenitud de el resto del conjunto en medio de ios dos seres mitológicos se ha construido una especie de altar que sirve como base para una llamativa ménsula que sobresale casi medio metro del conjunto. El cuerpo de la entrada propiamente dicha y que está integrado por un gran arco triunfal, tiene otras características, lo que hace pensar en que fue otro el autor de esta parte de la fachada lateral, algún autor lo ira calificado como el fruto del talento ingenuo y fresco de un maestro anónimo de raza indígena porque se trata de dos estilos distintos del arte de la talla en sillar y de los estilos de los alarifes. La puerta está adornada con un gran arco adornada con dos estrechas calles laterales cada una con dos columnas que terminan en una base de granito, estas columnas tienen adornos de molduras y escamas además de anagramas cristianos sobriamente adornados. Este modelo es el único de su género en Arequipa y llama la atención, de los turistas, visitantes y de la propia población mistiana que contempla atónita la espectacular imagen con el detalle principal de Santiago Matamoros.




