Monasterio de Santa Teresa

jun 3, 2008 by

Calle Melgar, 3ra cuadra, esquina con Peral

Para instalar el Convento, en el año de 1710, son solicitadas al Cabildo del Cusco, monjas de clausura cusqueñas. Fueron enviadas tres, María de Cristo, priora de las Carmelitas en el Cusco; Antonia del Espíritu Santo y Micaela de Santa Teresa, ellas llegaron acompañadas de un canónigo, un destacado religioso de la Orden Mercedario y el cura de Sicuani.  Las obras de construcción concluyeron en 1710, como consta en el sillar labrado del frontis de la iglesia, y la inauguración tuvo lugar el 23 de noviembre del mismo año, pero las obras del Complejo Arquitectónico en su conjunto, recién se concluyeron en 1750. Ilustres religiosas han dirigido este templo y monasterio.

Es el Convento femenino que posee los mayores tesoros en obras de arte, ornamentos, y alhajas religiosas. Desde la portería del Monasterio se pueden apreciar óleos de valores diversos. La Sala Capitular y el refectorio tienen también cuadros, de relativa calidad, pero donde se guardan los más valiosos es en el llamado Coro Bajo un recinto de planta cubierto con bóveda.

Hay pinturas murales que no han sido afectadas por el tiempo, pero pareciera que en general todos los muros y bóvedas estuvieron antiguamente decorados. Ahora hay muchos de bóveda que han quedado con escasos fragmentos. Destaca una Virgen con el Niño, el banquete del rey Asuero, Victoria de David, Bodas de Cana, adoración del becerro de oro y el Triunfo de la Eucaristía, una copia fiel de un tapiz de Pedro Pablo Rubens y una reproducción del óleo de Santa Teresa, que se encuentra en la Iglesia de San Cristóbal en el Cusco.

La vida de Santa Teresa de Jesús, patraña de la comunidad Carmelita, está pintada en grandes lienzos existentes en el refectorio, así como una Santa Teresa sedente, de origen colonial, que está colocada en la sala De Profundis o Velatorio, también hay un impresionante cuadro de la escuela cusqueña que representa a la Santísima Trinidad.

La iglesia es de una sola nave y en ella existe un altar de plata en el sitio central.

A todo ello hay que sumar las joyas que guardó este Monasterio, custodias de plata dorada y esmaltada, coronas de perlas, diamantes y otras piedras preciosas, cálices, patenas, candelabros, ricos vestidos para el oficio de la misa, capas de coro y a una hora es posible admirar un espléndido copón de oro bruñido del siglo XVIII, enriquecido con perlas y piedras preciosas.

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