San Miguel de Cayma
Al noroeste de la ciudad, sobre la banda derecha del río Chili, se halla el pueblo de Cayma, capital del distrito de este nombre. Por su cercanía a la ciudad, esta antigua aldea indígena se encuentra actualmente unida a ella, pero también participa de los encantos de la fértil campiña que se extiende a pocas cuadras de su plaza mayor Lo rural está pues muy presente en la vida cotidiana de sus habitantes, muchos de los cuales atiende cultivos en sus chacras aledañas. Cayma fue ocupada en el incario por los ejércitos victoriosos del Inca Mayta Cápac; fue comprendida en el Corregimiento de Arequipa desde 1560; fue priorato de la Orden de Predicado de Santo Domingo desde 1586, y lo más importante de sus tierras formó parte de la encomienda de San Juan. En los albores de la emancipación se alojó allí el Libertador Simón Bolívar. En la República, en sus proximidades, ‘se libró la batalla de Carmen Alto 22 de julio de 1844 en la que se enfrentaron las fuerzas de Ramón Castilla y Manuel Ignacio de Vivanco. El hermoso templo que allí se erige es obra directamente vinculada a don Juan Domingo de Zamácola y Jáuregui, que fue párroco de esta iglesia durante cuarenta y seis años. Había nacido en las montañas de Dina, en Vizcaya la Vieja, en 1746; se había graduado bachiller en Salamanca y en Arequipa, de presbítero Hombre de vasta cultura, de inquietud enciclopédica, generoso organizador, dejó honda huella en esta parroquia en la que falleció el 27 de mayo de 1823 a 1878 años de edad. Hay referencias acerca de la primitiva erección en ese solar de una modesta ermita levantada por los dominicos en 1544. Destruida posteriormente por los sismos, solo habría quedado de esos tiempos una campana que aún se conserva y cuya inscripción reza: «Ave María Gracia Plena 1582». Ya en 1719, el párroco Fray Manuel de Garaycochea encargó el diseño del plano del templo al arquitecto Antonio Pérez del Cuadro, quien por esa época se dirigía a Chuquisaca a intervenir en la fábrica de su catedral. Esta iglesia fue de cal y canto, una sola nave, dos torres y cubierta de bóveda Como recuerdo de la intervención de este párroco queda una Inscripción en la bóveda de pasaje a la casa cural: «F.M. Garaycochea F.A. 1739». Al asumir la parroquia don Juan Domingo de Zamácola halló la iglesia muy deteriorada Con su natural energía se abocó a reedificaría, pero el terremoto del 13 de mayo de 1784 la destruyó, procediéndose entonces a desmontar la bóveda, la cúpula de media naranja y la torre. Alrededor de 1786 se concluyó el templo definitivo al que se le agregaron dos naves laterales. Entre la bóveda y la nave hay una leyenda con las siglas del párroco Zamácola y Jáuregui: «Año 1783 JMJ». La del Evangelio posee una inscripción lapidaria que dice: «Capilla de ánimas fabricada con su campo santo, órgano, ornatos a costa del doctor Don Juan Domingo Zamácola y Jáuregui cura de esta parroquia. Año de 1802». Acerca de la fecha de erección de la portada Harold E. Wethey la supone de la misma época que la de Yanahuara (1750). Pero la inscripción que se aprecia en el cubo de la torre del Evangelio 1783 indicaría una fecha más bien asociada a la reconstrucción emprendida por Zamácola. Esta portada está concebida en dos cuerpos. En el primero se abre la alta portada de arco de medio punto escoltada por columnas pareadas primorosamente talladas en su primer tercio inferior las obras principales similares a las de San Agustín son de mujeres en posición frontal que sustentan sobre la cabeza canastas con frutas. De la cintura para abajo adoptan forma de follajes. Este motivo fue frecuente en grabados de los siglos XVI y XVII, y recuerda a las indígenas que se acercaban con ofrendas a las iglesias. En el centro del segundo cuerpo se abre una ornacina avenerada que guarda una pieza en bulto de Nuestra Señora de la Candelaria. A los lados se encuentran altorrelieves de San Francisco de Asís y de Santo Domingo. Los estribos laterales se proyectan en pináculos piramidales. De estos basamentos nacen cornisas que concluyen en volutas que flanquean una cartela con el monograma de María. La rica ornamentación de los espacios de esta fachada está compuesta por flores, motivos geométricos, papayas y rosetones. Las orlas laterales comprenden entre sus exornaciones rostros humanos de perfil con una fruta bajo el mentón, y otra de menores dimensiones que adorna las otras de descomunales proporciones. La nave principal está cubierta con una bóveda de cañón sostenida por tres arcos torales. En ella se distingue el escudo de la Orden de Santo Domingo, del pueblo vasco y el de España destruido a cincel por los patriotas de 1825. Algunas tallas adornan las comisas y el coro. Un altar principal neoclásico, imágenes de Cristo, el Señor del Santo Sepulcro San Juan de Dios y la Virgen de la Candelaria, son algunas de las piezas de arte que aún se conservan. La Candelaria le ha dado calidad de santuario a este templo habiendo sido coronado canónicamente el II de mayo de 1947. Importa señalar por otro lado la serie de pinturas realizadas en 1780 por Jacinto Carbajal que se hallan en el Sotacoro que narran los principales milagros de esta venerada imagen. Esta serie la hizo pintar el cura Zamácola. Entre sus singularidad iconográficas debemos señalar uno de los lienzos que narra cómo la imagen de la Virgen, donada por Carlos V según la tradición, se quedó donde está el templo de Cayma al ser transportada por unos indígenas que, en ese lienzo, han sido representados con tocados de plumas, aguadas y largas camisetas con cintas de tocapus. Otro de los cuadros reproduce erupciones volcánicas y las carpas que se levantan en la plaza para albergar a los afectados por los terremotos de 1600 y el de 1780. Un lienzo notable es asimismo el que se encuentra en la Capilla de las Animas y describe el interior del templo desde el cual, a través de la puerta, se aprecia la figura cónica de un volcán en erupción. Los numerosos personajes, los demonios y las leyendas y filacterias hacen todas mención a los desastres que sobrevienen por la vida licenciosa, en particular la de los ricos. De los óleos singulares de esta iglesia debemos destacar uno de buenas dimensiones que describe la ciudad de Jerusalén con sus edificios, casas, huertas, colinas y murallas. En él se pinta diversas escenas allí acaecidas como la pasión y muerte de Cristo. Debió servir de imagen pedagógica para la adoctrinamiento de indígenas. De las dos torres de planta cuadrada, la del Evangelio es de 1783, como quedó dicho, y la de la Epístola es obra de 1876. Fiieron posteriormente muy dañadas por los terremotos del presente siglo habiendo sufrido reconstrucciones. En el exterior le presta singular encanto el grueso muro con altos y fornidos pináculos ornamentados que cercan el atrio. Las rústicas construcciones del lado de la casa cural, el comedor de encanto rural, donde estuvo Simón Bolívar y la hermosa vista de la campiña que se aprecia desde lo alto de los campanarios, colman los atractivos de este templo que recoge en sus exornaciones la emoción estética de canteros y alarifes indígenas y mestizos.




