Santa Catalina – Secretos de una vida Conventual
Cada rincón y cada objeto dentro de esta ciudadela, tiene una historia; en conjunto, nos revelan las características de épocas remotos, atrapadas en los detalles de la vida religiosa que allí se llevaba. Única en el mundo, muchos arequipeños nunca pisaron su maravillosa arquitectura colonial.
En pleno centro de la ciudad de Arequipa se halla el admirable Monasterio de Santa Catalina, convento femenino, que ocupa dos manzanas.
Con un área de más de 20 mil metros cuadrados, el Monasterio de Santa Catalina es uno de los monumentos coloniales más importantes de América Latina. Sus largos muros de sillar encierran una ciudadela que fue habitada por monjas de clausura y que aún hoy viven alejadas de la vida mundana, pero en un sector que ocupa tan sólo tres mil metros cuadrados, dejando el resto para el deleite de los visitantes. Sin duda, la historia y la arquitectura que envuelve este espacio de la Ciudad Blanca es una muestra del mestizaje, traducido en una fusión muy fuerte de elementos españoles y nativos, originando una creación propia, lejos de superposiciones culturales. Si ello fue posible, se debió a la confluencia de varios factores: la conformación racial mestiza propia de los artesanos de Arequipa; el sillar, material de especial belleza; y la ausencia de una ornamentación recargada la simpleza de la construcción hace más admirable el conjunto, que muestra una gran armonía de espacios, sin perder las perspectivas monumentales.
Allá por el Siglo XVI
La Ciudad de Arequipa se fundó en 1540 por encargo de Francisco Pizarra y fue habitada rápidamente por familias españolas ricas y nobles. En 1559, las autoridades del lugar decidieron crear un Monasterio donde las religiosas normalmente la segunda hija mujer nacida en cada familia dedicarían sus enclaustradas vidas al servicio de Dios. En 1547, el virrey Francisco de Toledo entregó cuatrocientos pesos del dinero proveniente del trabajo de los indios y de los tributos arequipeños para que se realizara la obra. Así, se inició la construcción del Monasterio de Monjas Privado de la Orden de Santa Catalina de Siena En 1579, doña María de Guzmán, viuda de Diego Gutiérrez de Mendoza, mujer reconocida por su hermosura y riquezas, así como por su dedicación a la vida mundana, decidió recluirse con su hija en el convento en construcción entregando todos sus bienes. El domingo 2 de octubre de 1580, doña María, reconocida como fundadora, tomó los hábitos acompañada de su hija Ana de Jesús y otra nueva religiosa.
Desde ese momento, hasta el 15 de agosto de 1970, las puertas de Santa Catalina estuvo celosamente cerradas para el mundo. En 1582, por ejemplo, Arequipa sufrió un terremoto. El convento tuvo graves daños, pero a pesar de eso se conservó la clausura. En ese entonces, cada monja «española» ingresaba al monasterio con doncellas mestizas para su servicio. Del mismo modo, debían entregar una dote y un ajuar con 25 piezas. Después de su fundación, la construcción se extendió dos veces. Una fue por la parte del coro, donde se le añadió una calle entera. La otra fue por la parte del barrio San Lázaro, donde las monjas compraron un jirón.
Una breve descripción del tradicional recorrido turístico, permitirá cierta aproximación a su belleza, a quienes no hayan podido visitarla.
EL LOCUTORIO
Lo primero que conoce el visitante son los locutorios, que se utilizaban para comunicarse con el mundo exterior. Este ambiente se asemeja aún estrecho corredor tenuemente iluminado por ventanales cubiertos por translúcidas piedras de Huamanga, con viejas bancas de madera al final, colocadas delante de pequeñas ventanas que tienen un doble enrejado y un torno giratorio al lado. Servía para recibir regalos u otros objetos permitidos pues durante las visitas siempre estaba presente una «Madre Escucha» que podía dar por terminada una visita o devolver un obsequio si no le parecía adecuado» Contiguos a este locutorio existe otro, mi grande e independiente, con piso de tejas que servía a la priora para tratar asuntos especiales. Hacia la izquierda, encontramos la sala de laborales o manualidades. Donde actualmente se aprecia una escenificación de la última cena hecha en tamaño natural. Lo adornan algunas imágenes religiosas y cuadros de la escuela cusqueña.
EL PATIO DEL SILENCIO
Luego sigue un patio con dos arcos, el segundo de los cuales advierte: «Silencio». Como la orden de las Dominicas llevada una vida, contemplativa, es decir dedicada exclusivamente a orar, utilizaban este patio para tal fin.
EL NOVICIADO
El noviciado es el primero de los tres claustros, y consta de cuatro arcos por lado pintados de azul añil, Lo que más destaca es la austeridad de las celdas de las postulantes que tenían por único mobiliario una cama, una mesita, su alacena y el armario, además de una hornocina tallada en sillar para colocar ai santo preferido.
La vida de las novicias fue rigurosa, por aquella ¿poca existió la costumbre entre las familias españolas de consagrar a su segundo hijo o hija al servicio de Dios, lo cual no era tornado como un penoso castigo, sino como un privilegio.
Siguiendo la calle Málaga, pintada de color ocre naranja, se encuentran las primeras celdas da las monjas perpetuas, que parecen casas en miniatura o pequeños departamentos con: sala, comedor, dormitorio con una pequeña hornacina para colocar un santo. Además del mobiliario descrito, se encuentran en algunas de ellas lavadoras de mano e instrumentos musicales como el arpa. Las celdas también contaban con una cocina implementada con el fogón, depósito para leña y un corralillo para cuyes.
Cada monja «española», ingresaba al monasterio acompañada de doncellas mestizas encargadas de su servicio. Además ingresaban niñas mestizas destinadas a no abandonar jamás los claustros.
SALA ZURBARÁN
Frente a las celdas de la calle Málaga se encuentra un museo conventual, donde se guarda un San Miguel Arcángel atribuido a Zurbarán, pero que hoy se conoce no fue pintado por él, sino por alguno de sus seguidores.
Este ambiente donde actualmente se exhibe la vajilla que antiguamente utilizaban las monjas de Santa Catalina, y algunas pinturas y casullas bordadas con hilos de oro, antiguamente era la enfermería. Se dice que cuando alguna enfermaba y necesitaba ver un medico, todas se encerraban en sus celdas, y la enferma podía verlo en compañía de la madre superiora.
Aquí también se ha instalado una pequeña tienda donde se venden algunos productos elaborados por las religiosas como el jabón de perejil que se asegura es bueno para el acné y las manchas de la cara, crema de pétalos de rosa para la piel seca, rosarios tarjetas, dulces, entre otros.
EL CLAUSTRO DE LOS NARANJOS
Este claustro tiene cinco arcos por lado y en el centro se yerguen tres cruces verdes de madera que representa la pasión de Cristo pintado de un atractivo azul añil, exhibe en sus arcos pinturas inspiradas en los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola para la perfección del Alma, y que representan las vías purgativa, iluminativa y unitiva.
LA SALA DE PROFUNDIS
También conocido como velatorio, servía para las pompas fúnebres de las religiosas fallecidas. Aquí se conserva los candelabros para los cirios, doce retratos a pincel de monjas difuntas, que lucen el rostro pálido y los ojos cerrados. También se observa dos literas para la conducción de los cadáveres al cementerio conventual. La razón por la cual sólo se retrataba a las religiosas cuando morían, porque hacerlo en vida era considerado una vanidad.
CALLE CÓRDOVA
A la derecha de esta sinuosa calle, se ubica el recinto donde actualmente permanecen las monjas de clausura. Permanecen allí desde 1970, fecha en que abrió el monasterio al público. Y desde 1985, gracias a la visita del Papa Juan Pablo II, obtuvieron el permiso para salir a la calle en grupos de dos.
CALLE TOLEDO
Se dice que esta es la parte más antigua del convento, pues data de 1600 a 1650. Las casas que allí se encuentran tiene techo a dos aguas con tejas. Al transitar por esta vía se podrá observar los daños que produjeron los terremotos, pues no ha sido reconstruida, y permanece tal como quedó después del desastre.
CALLES DE SEVILLA Y GRADADA
La calle Sevilla es transversal y está pintada de rojo ocre, mientras que la calle Granada es ancha y retorcida con jardines y piso de laja, en su recorrido se pueden visitar celdas que guardan las mismas características que las anteriores.
LA LAVANDERÍA
Al final de la calle Toledo, se ubica la lavandería, donde se aprecia 20 medias tinajas grandes o chombas partidas, que son surtidas de agua por una pequeña canaleta que pasa en medio de ellas. Se dice que ésta fue la primera lavandería de Arequipa y que inclusive se lavaba ropa de fuera para generar algunos ingresos.
Aquí también se puede apreciar una pequeña alberca, conocida como «la bañera», donde se dice se bañaban las religiosas de grupos de tres y mirando hacia Fuera, vestidas con túnicas, de acuerdo a las reglas de San Agustín.
IGLESIA ANTIGUA
En 1871 debido a la reforma implantada, las monjas comienzan a vivir en comunidad, por lo que transformaron la antigua iglesia de cocina, donde todavía se puede observar el negro hollín impregnado en las paredes debido a los mecheros y la leña utilizada. Además se conserva el horno para el pan, un filtro de piedra de Cajamarca y un pozo de donde se extraía el agua que circulaba por un canal subterráneo.
PLAZA Z0C0D0BER
La Plaza Zocodober, es uno de los rincones más apacibles del monasterio, la fuente circular de piedra en la que nadan tranquilamente pececillos naranjas le otorgan cierta frescura y alegría. Se cuenta que aquí se reunían las religiosas los fines de semana para intercambiar algunos productos entre ellas, es decir, era una especie de pequeño mercado.
LA CELDA DE SOR ANA
A Sor Ana de los Ángeles Monteagudo, que fue priora del monasterio y murió en 1686, se le atribuyen innumerables milagros y predicaciones, siendo por ello objeto de culto popular. Dentro del convento, su celda ha sido conservada tal y como la utilizó en vida. Muchas personas llegan hasta allí para arrojar papeles en los que escriben deseos y milagros que solicitan.
EL CLAUSTRO MAYOR
Lo primero que se divisa al ingresar al claustro mayor son los confesionarios, colindantes con el templo, lo que permitía al sacerdote confesar en ello sin entrar al convento. Sobre los confesionarios existen una serie de pinturas en serie denominadas «Vida de la Virgen».
EL CORO BAJO
En la actualidad las 25 religiosas que viven en el monasterio, diariamente salen de la zona reservada para ellas, a las 7 de la mañana, por la parte final de la iglesia de Santa Catalina y de la calle Córdova y la parte final de la iglesia Santa Catalina y se cruzan el claustro mayor en dirección al coro bajo donde escuchan la misa.
Este espacio separado para ellas, se encuentra protegido por un doble enrejado de madera y una cortina.
EL DORMITORIO COMUNITARIO
Finalmente está el dormitorio comunal, que tiene forma de cruz y unos ganchos en los techos abovedados, que servían para colgar las cortinas en la actualidad este ambiente ha sido convertido en la pinacoteca donde se exponen innumerables cuadros de la escuela cuzqueña y de pintores arequipeños, casi todos anónimos.




