Santo Domingo
Esquina de Santo Domingo y Piérola
El convento y templo primitivos, que los dominicos levantaron en 1544, fueron destruidos por los terremotos de 1582 y 1604.La reconstrucción, dirigida por Juan de Aldara, se concluyó en 1667. El estilo general es barroco mestizo, con empleo mixto de sillar y ladrillo. La portada principal, empero, reconstruida en 1969, es severa y majestuosa, y carece de la decoración churrigueresca. En cambio, la portada lateral, que data del siglo XVII, posee la característica ornamentación exuberante propia de esa época. El vano de la entrada es un arco de medio punto. El arco lleva decoración de conchas, rosetas, y en el eje, un rostro de ángel. Las jambas presenta jarrones con flores y follaje entrelazados, y están flanqueadas por pilastras que fueron almohadilladas, y que se prolongan para sostener un entablamento que se interrumpe en su parte central para dar paso a una ménsula. El tímpano es alto y curvo; en él se observa un medallón elíptico rodeado de follaje, flores, racimos de uva y niños desnudos; en el medallón se presenta la figura de Santiago Apóstol. Son importantes en esta portada las franjas laterales, decoradas con símbolos eucarísticos y niños, que simbolizan la inocencia. Existen elementos decorativos autóctonos, como mazorcas de maíz, máscaras de perfil de clara inspiración pre hispánica, etc. En las enjutas hay ángeles recostados tocando trompetas y rodeados de follaje. La torre, que aún sufre los estragos del sismo de 1960, es octogonal y almohadillada, expresión poco común en Arequipa. La bóveda del coro, de tres lóbulos separados por nervaduras, muy rebajada y con riquísimo y muy abundante tallado en la frentera, es de una calidad notable. Posee la iglesia una hermosa escultura del Señor de la Veracruz, sobre la que existe una leyenda sugestiva.
El convento tuvo gran repercusión en la Colonia, durante el imperio de la Inquisición. En 1714 se convirtió en sede de la Universidad Pontificia «intra claustra», que duró un buen tiempo (aún existía en 1752). Tras a última restauración, al haberse, demolido una hilera de celdas que daban a la calle Piérola, convertidas con el tiempo en tiendas comerciales, ha quedado visible desde el exterior uno de los claustros, produciéndose un impactante y polémico efecto.





