La Lechera
El desayuno del mejor brote
traía alegremente en el alba,
la leche blanca en su carga,
llegaba con pausado trote
y arroyando con su quirco azote,
Léchenla de mis recuerdos;
causante de mis insomnios;
¡adiós ccala malamedra!,
saludas a mi raimada suegra,
Así, deshojaba sus dichos lonccos.
Siempre fresca como una rosa,
en su burra parda montada;
cómo quemaba su hechicera mirada;
bien sonriente y salerosa,
como buena arequipeña. tirando prosa;
de reyatas y lloqque duro, su cerón.
con sus limpios porongos de latón,
mientras ella, su yaraví silbaba,
su inquieta burra rebuznaba,
oliendo pa’ meyar, buscaba un rincón.
Jala’u pa’trás su huaccali sombrero;
pa’ un la’u sus piernas con su pollera,
las largas trenzas de su cabellera
que abrigaban a su pecho hechicero,
arrancando suspiros del mejor caballero.
Con su ccocco litro por medida,
entre los soñolientos coalas galgos,
apoyándose y montando con ágiles saltos
¡Buenos días comadrita…!, ¡burra…!
Y hace tiempo la espero en la esquina
a mi hermosa y cautivadora lechera,
creo que algún loncco la tiene prisionera
o la auyentó la edionda gasolina,
nadie me da razón, ni los vecinos de la cima.
Pobre y triste, por mi mala suerte,
mi corazón y está qquetinbiando,
¡nelenele estoy por haberte amado tanto,
quiero olvidarte, pero sólo con la muerte.
FÉLIX SARCIA SALAS





q chevere
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