La vida del “Chinchiquero” en la Montaña
Casi siempre en esta vida,
el hombre tiene que soportar,
mil sinsabores y fatigas
para que pueda triunfar.
La verdad es muy conocida,
unos nacen con más suerte;
otros, con lamentable desdicha,
pero, todo lo iguala la muerte.
De todo hay en este mundo,
¡oh! si todos fueran iguales I
si todos pensaran bien profundo,
no se lamentarían calamidades.
Pongo por caso el “chichiquero”,
que queriendo hacer fortuna,
se lanza a la montaña, pero,
sin probabilidad, quizás alguna.
Aun así, resignado y optimista,
de encontrar el oro codiciado,
arregla su equipo de conquista,
dejando a su hogar abandonado.
Se despide de la esposa e hijos
entre besos, sollozos y lamentos,
no sabe si sus planes serán fijos
o quizá, todos serán .sufrimientos.
En el viaje… viene pensando,
qué le deparará el destino,
si las ideas que vienen forjando,
tendrán el éxito apetecido.
Ya en la selva se ha internado,
con pala, pico y una batea,
con su “qquepi” bien cargado,
va caminando como quiera.
No le falta coca, ni cigarro,
de, todo un poco siquiera lleva,
olla, plato, cuchara y jarro,
y el poncho para cuando llueva.
Ya llega a un conocido río,
y ensaya con su querida batea,
busca el oro que es su delirio,
y muy afanoso sigue su tarea.
Algunas veces saca una “chispa”
como también otras veces, nada;
pero aun con todo, no se achica
y sigue bateada, bateada y bateada,
Le ha ido mal en un sitio,
pues busca por otro lado,
él no tiene paradero fijo,
cual picaflor enamorado.
Alguna vez, por casualidad,
halló un sitió en la quebrada,
entonces, con apacible humildad,
hace su carpa improvisada.
Son cuatro hojas de “palmito”,
más unos palos de sostén,
y algunas latas oxidadas,
compradas de un almacén.
Ya cree, al menos, estar seguro
de estar labrando su porvenir;
cree, que ya no tendrá apuro pero,
mentira, tiene que sufrir.
Así es como él empieza
su vida amarga de “chichiquero”,
ahora es cuando siente tristeza
de verse solo, sin compañero.
Por las mañanas, muy temprano,
él mismo, se prepara ei desayuno,
lo toma y siempre pensando
si el día le será oportuno.
Ya se arregla y ya se propone;
va a empezar la ruda labor,
y con las’fuerzas de que dispone,
trabaja con todo empeño y valor…
Así, en su cotidiano laborar,
él se esmera, con todo afán;
y quiere conseguir y llevar,
para sus pobres hijos, el pan.
Tan presto se le ve no arriba,
y como también río abajo.
así es su desolada y triste vida,
y todo le cuesta trabajo.
A veces sólo saca para comer,
y cuando no, ni quien la mano le dé;
pero, resignándose al padecer,
confía en Dios… con toda su fe.
Y en aquellas horribles noches,
cuando la lluvia es torrencial,
para él, no son sino duros reproches
con que alimenta su vida fatal.
Los víveres se le han concluido,
se ve en apuros para su sostén,
como él, es muy poco conocido
no tiene crédito en el almacén.
¡Qué hacer…! tiene que proseguir,
no hay ni quien se duela de él;
sí desmoralizado, ya para sucumbir,
siempre “chichiqueando” se le ve.
Ya enterado de su mala suerte,
ya decepcionado por completo,
quiere hacerse siquiera el fuerte,
pero no puede, no tiene aliento,
Y asi, sucesivamente, pasan los días,
marcando siempre la misma huella;
para él no hay paz, ni alegrías,
está tenue, la luz de su estrella.
El mucho pensar lo cadaveriza;
enciende un cigarro humedecido»
por un momento se tranquiliza,
envuelto en el humo de su amigo querido.
Por las noches, no concilla el sueño,
se desvela, se acuerda del hogar;
ya no hay valor, ya no empeño.
y sin fuerzas se, siente desmayar.
Quiere llorar, el corazón lo oprime,
quiere conversar, no hay un amigo;
desesperado, como un loco gime:
¡Señor! por qué me das este castigo?
Sólo siente el rumor del río,
y el “chasquido” de una “catarata”;
y el mechero, poniendo en desafío
al viento, que su luz desbarata.
Allí metido en su “carpa” querida
en el rigor de todas sus penas;
el rostro pálido, la barba crecida
cual si fuera un reo con cadenas.
Mal alimentado… es expuesto
a ser presa de alguna enfermedad;
masculla una oración con gesto
diciendo; ¡Oh, Dios mío, tenme piedad!
Todos los “chichiqueros” han corrido,
la misma suerte, del que describo;
pero muy raro, aquél ha sido
que cantó victoria, retornando vivo.
Cuentan que una vez, por cierto,
que al pasar por aquel lugar,
encontraron un cuerpo yerto,
de un ser… que acababa de expirar.
Era un “chiehiquero” de aquéllos,
que vino en busca de suerte,
y creído en sus vagos destellos,
Vino a encontrar la muerte.
¡Qué cuadro aquél, tan lastimoso;
todo en desorden se encontraba!;
había arañado, cual presuroso,
seguro, cuando auxilio clamaba!
Con el mismo pico y la pala,
cavaron un hueco muy profundo,
enterrado sin ceremonia ni gala,
asi se fue, de este mísero mundo!
En su hogar lo esperan todavía,
ignoran la suerte que ha corrido;
los hijos lo reclaman a porfía,
no saben que ya ha sucumbido.
¡Qué cuadro tan consternados!
un hogar desecho, sin piedad,
una viuda traspasada de dolor
e hijos que quedan en la orfandad.
¡Qué vida amarga del “chiehiquero”,
su vida plebe, estuvo condenada;
en vano puso su temple de acero,
y a la postre, no consiguió nada!
ARTEMIO RAMÍREZ BEJARANO




