Literatura y Arte Arequipeños

La identidad de la literatura arequipeña está ligada a los albores libertarios del siglo XIX. Mariano Melgar (17901815) es, en ese sentido, un referente obligatorio, pues con la calidad de su lírica, con su ejemplo vital y con su atención a los temas y modos de la tierra trazó la línea que orientaría la creación literaria en su ciudad natal. A mediados del siglo XIX, las voces poéticas de Benito Bonifaz, Manuel Castillo, José Mariano Llosa, Ignacio Gamio, entre otros, otorgaron prestigio a las letras arequipeñas. A fines de ese siglo, la novela Jorge o el hijo del pueblo (1892), de María Nieves y Bustamante, en la línea de Víctor Hugo, en opinión de Luis Alberto Sánchez, nos daba en su interesante «Introducción», algunas señas preciosistas de la Ciudad Blanca. La poesía se encamina hacia el magisterio vibrante de Manuel González Prada, y surgen los poemas llenos de ideas y conceptos de Jorge Polar, filósofo y jurista, autor de Arequipa. Descripción y estudio social (1891), cuya afirmación: «Años se ha batido Arequipa bravamente para conquistar instituciones libres para la Patria. No se nace en vano al pie de un volcán», sintetiza el sentimiento que inaugurara Melgar y que, de una u otra forma, está presente en la literatura arequipeña del siglo XIX y buena parte del XX; y la voz romántica de Francisco Mostajo, caudillo popular, quien critica abiertamente el tono imperante y propugna sin conseguirlo, los aires vitales del modernismo en sus Pliegos al viento de 1908,

El siglo XX impone el ritmo y el desenfado característico de los jóvenes. En ese ámbito aparece el grupo Aquelarre, con aspiraciones netamente modernistas. Sus representantes conforman una generación variopinta, pero con una misma inquietud de cambio. Están en sus filas: Percy Gibson, César Atahualpa Rodríguez (18891972), Federico Agüero Bueno y Renato Morales de Rivera. Este grupo arequipeño, especie de «colónidos» (del grupo Colónida de Lima, que fundó Abraham Valdelomar en la década del 10), al que se suman los destacados poetas Alberto Guillen (18931935) y Alberto Hidalgo (18971967) —este último un vanguardista que no ha recibido aún el reconocimiento que merece—, asume un lenguaje más libre, alejado ya de la retórica imperante romántica. Su filiación estaría más cerca de algunas nociones vanguardistas.

La tertulia se organiza en los salones, y el talento de los poetas de la época son reseñados magistralmente no por un arequipeño, sino por Abraham Valdelomar, quién evoca una velada de 1910 en el artículo «El trono del sol. Notas de un viaje». El Conde de Lemos destaca en él a Percy Gibson —autor de los versos del famosísimo vals Melgar, al que puso música Benigno Bailón—, a quien invita a escribir en la revista Colónida. En ésta Gibson llegó a publicar el poema «Evangelio democrático» (¡Yo soy arequipeño del cogollo, /valeroso, nervudo, de meollo/ volcánico, fantástico, potente/ y lo mismo que yo es cualquier criollo!…) Por su lado, La torre de las paradojas (1926), de César Atahualpa Rodríguez, que rinde homenaje a su tierra natal, tanto como su Canto a Arequipa (1918), marcan la pauta de ese orgullo regionalista al que nos hemos referido al comienzo. A este grupo sucedió el que representaron Mamuel Gallego Sanz, los hermanos Jorge y Xavier Bacacorzo y Guillermo Mercado (19041983), este último, poeta que se inicia dentro de indigenismo y que publicara, entre otros libros, Oro del alma (1925) Un chullo de poemas (1928) y Canto a Sachaca (1940). La prosa tuvo su máximo exponente, en la primera mitad del siglo XX, en la figura de Augusto Aguirre Morales (18881957), quien dejo como prueba de su maestría la novela El pueblo del sol (cuyo primer torno es de 1924), la cual logró resonancia continental. Entre sus obras destacan Flor de ensueño (1906) y Devocionario (1913), poemarios, y La justicia de Huayna Cápac (1919), novela.

Hombre de letras y periodista, Aguirre Morales trabajó en los diarios Universal y La Crónica. Entre sus contemporáneos están Juan Manuel Osorio y Juan Manuel Polar. Más tarde, Arequipa también produciría a un notable crítico literario, reconocido internacionalmente, Antonio Cornejo Polar (1936 1996) quien aplicó con agudeza el concepto lo de «heterogeneidad» en los estudios literarios latinoamericanos. Nacido en Arequipa en 1931, Oswaldo Reynoso dio a conocer, en 1961, Los inocentes, relatos, y en 1964, la novela En octubre no hay milagros, que han tenido múltiples reediciones. Dueño de una prosa de aliento poético, posteriormente ha publicado El escarabajo y el hombre (1970), En busca de Aladino (1993) y Los eunucos inmortales (1995). Pero, sin duda, el arequipeño más renombrado en el campo de las letras es Mario Vargas Llosa (1936), autor de obras tan notables como — para no citar sino algunas de sus novelas— La ciudad y los perros (1964), La casa verde (1966), La guerra del fin del mundo (1981), La Fiesta del Chivo (2000) y la inspirada en la vida de Flora Tristán, El Paraíso en la otra esquina (2003).

En la actualidad, Arequipa mantiene una vida literaria intensa y, para mencionar solo algunos nombres de generaciones distintas, citaremos a José Ruiz Rosas, poeta que, aunque nacido en Lima (1928), desarrolló su valiosa obra poética—entre otros, los poemarios Tienda de ultramarinos (1978), Poemas (1980), Poesía reunida (1992) en la Ciudad Blanca; Oswaldo Chanove (1953), poeta, autor de El héroe y su relación con la heroína (1983), Estudio sobre la acción y la pasión (1987) y.el jinete pálido (1994); o Carlos Herrera (1961), narrador de enfoque original que ha publicado Blanco y negro (1995) y Crónicas del argonauta ciego (2002).

4 comentarios en “Literatura y Arte Arequipeños”

  1. Lo importante es que se convierte en un alcance interesante. Pero si abordamos algo de la generación ochenta, por qué no se aborda la horanada del 60 en Arequipa, y después hay muchos que -como poetas- pesan más que el mismo Oswaldo Chanove, como por ejemplo: Odi Gonzales, Dino Jurado, Leandro Medina, José Gabriel Valdivia, Alfredo Herrera Flores, Luzgardo Medina Egoavil y Misael Ramos. Todos ellos ligados a las revistas Omnibus, Eclosión y Polen de Letras.

  2. Citando a lucero: “ya ps pongan imagenes para ver jeje y se vea interesante y no sea aburrido ,…………… puras letras aburre”????
    Con las letras te comunicas… Ese comentario sonó a… (lo dejo a su imaginación)
    Interesante. Agradecería si puediesen enlazar esas épocas más con el contexto; es decir, inscribir a la pintura, la fotografía y ver la relación que tienen. Puesto que el compartir un momento en la historia los lleva a tener mucho en común

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